La tristeza es un sentimiento sano ante ciertos acontecimientos de la vida. En cambio, la depresión es patológica.

Por ejemplo, cuando alguien tiene una pérdida. Puede ser la pérdida de algo material, dificultades económicas... O la pérdida de un persona: un ser querido que se va o que muere. O el paso de una etapa a otra de la vida. O una causa de la que uno no se da cuenta. Todo esto genera dolor, tristeza, además de otros sentimientos que pueden unirse.

La tristeza, el dolor: se trata de atravesar estas experiencias. Para eso, hace falta vivenciar el dolor, pero sin recrearse en darle vueltas y vueltas. Darse un tiempo, pero sin huir de la experiencia ni sepultarla como si no pasara nada. Llorar el dolor y compartirlo.

El camino de la depresión llega cuando, tras el paso de un tiempo, uno sigue anclado en el dolor, perdiendo el interés por actividades de la vida con las que antes disfrutaba. O también cuando se ha tapado el dolor para no enfrentarse a él, para intentar olvidarlo, quedando como una pesada piedra en el interior de la persona. O cuando hay autocastigo y autodesprecio. O cuando, incoscientemente, el dolor está cargado de otros dolores o pérdidas del pasado que no fueron resueltos, asuntos pendientes, y sus heridas se reabren. Sobreviene entonces la desagana, la apatía, la sequedad vital, problemas con el sueño y con el apetito, disminución de las relaciones sociales... La vida se vuelve un negro túnel que impide ver lo positivo que hay en ella. Se engrandece lo negativo del pasado y del presente, y lo positivo no puede verse. Y se considera que el futuro también será desastroso: desesperanza.



Llegados a este punto existen dos opciones: admitir que tenemos un problema y necesitamos ayuda, o concienciarse de que no se puede estar así toda la vida, perdiendo el tiempo lamentándonos, y ha llegado el momento de tener un cambio radical hacia el optimismo sacando las fuerzas de cualquier sitio….........................pero eso……cómo se hace??